El prodigioso olfato del perro

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El prodigioso olfato del perro
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El olfato de los perros ha sido una de las características de estos animales mas utilizados por el hombre desde hace siglos. Como su sentido olfativo es sorprendentemente unas mil veces superior al de los seres humanos, se ha intentado aprovechar eficazmente ese maravilloso órgano biológico de detección que es la nariz del perro; la idea de servirse de los perros para la detección de estupefacientes remonta a la época de la guerra de Vietnam, durante la cual el consumo de heroína entre los soldados estadounidenses planteó graves problemas.

Pastor aleman

En 1970, los estadounidenses decidieron drogar perros para hacerles detectar la droga cuando sufrían el síndrome de abstinencia. Este cruel y bárbaro procedimiento fue abandonado en seguida pues los perros así intoxicados sufrían trastornos hepato-nefríticos  y cardíacos que les causaban la muerte rápidamente. Por consiguiente, es totalmente erróneo pensar que los perros rastreadores de droga de la actualidad estén drogados. Si tal método se empleara hoy, sería severamente castigado y, de todas maneras, no serviría de nada en la medida en que los perros rastreadores deben ser operativos las 24 horas del día, ya que las operaciones de rastreo no se programan de antemano.

 

 

EL RASTREO O LA PASIÓN POR EL JUEGO

 

El perro rastreador debe tener varias cualidades. Debe ser un buen perro de cobro, dar muestras de tener una gran robustez física y estar dotado de potentes cualidades olfativas. Pero también debe sentir pasión por el juego pues ésa es la base del adiestramiento. Después de haber aprendido a responder a la llamada de su dueño, “Guía” a caminar al paso, a sentarse, quedarse tranquilo, el joven perro aprende las primeras lecciones especializadas jugando con la droga. Pero sin que ello suponga ningún peligro para su salud.

 

En una bolsa de nylon introducida en un tubo de PVC, uno de los materiales mas duros, se pone un poco de sustancia alucinógena hachís. El tubo en cuestión, taponado en sus extremos y con minúsculos agujeros, se rodea con una hoja de poliuretano y se envuelve en una tela de algodón,  para que aparezca lo más posible a los juguetes para perro. Acostumbrado al olor de la droga, el perro debe encontrar su juguete favorito escondido de un modo cada vez más difícil: en los asientos, los faros, los embellecedores o el filtro de aire de un carro.

 

Para el perro, este rastreo sólo es una excelente ocasión de jugar con su dueño.

CADA CUAL CON SU ESPECIALIDAD

 

Después de esa primera fase de adiestramiento, el perro debe acostumbrarse al ritmo de los aeropuertos, la animación de las autopistas y, a entrar en contacto con otras drogas, esta vez las duras: heroína, cocaína, morfina. Sólo después será realmente operativa la pareja guía – perro.

 

Por regla general, cada perro se especializa en una sola variedad de droga,  lo que permite poder alcanzar una  eficacia máxima.

 

Está claro que cuando los traficantes circulan, esconden los estupefacientes en  diversos recipientes de vidrio, hierro, etc. Pero eso es actuar sin tener en cuenta las formidables facultades olfativas del perro rastreador.

 

En efecto, aún cuando la droga estuviera en una caja herméticamente cerrada, a través del material se desprenden moléculas de aire portadores de olor, y más si el paquete ha estado en una atmósfera  con la temperatura muy alta. El perro experimentado puede incluso detectar la droga en un lugar tan insospechable como debajo de 30 centímetros de aceite, en una cisterna de agua, o un saco de especias.

 

En la aduana de los aeropuertos, pongamos por caso, el perro explora  a una velocidad increíble cualquier equipaje, paquete o vehículo. Los que pasan los estupefacientes, una vez han constatado la eficacia de este nuevo método de búsqueda, han ideado en seguida diversos medios para despistar al perro. Y la búsqueda ha perdido eficacia durante un tiempo debido a la pimienta, los ajos, la cebolla o las bombas fétidas con que se impregnaban los  objetos que llevan la droga pero los adiestradores han organizado cursillos más complejos para acostumbrar al perro a todos esos olores hasta hacerlo casi infalible.

 

En octubre de 1986, unos traficantes Suizos transportaron gatos en el carro donde tenían escondidos los estupefacientes para engañar el olfato de los perros de la aduana. Los perros, seducidos ante el olor y la vista de los mininos, se olvidaron por completo de lo que habían aprendido. Pero se descubrió el subterfugio y se adiestro a los perros para que no hicieran caso de la presencia de los pequeños felinos.

 

Gracias a estos indispensables auxiliares, cada año se descubren kilos de droga. Y una cosa es cierta: para el perro, todo eso no es más que un juego.

 

LAS RAZAS

 

Las dos razas de perros que prefieren los profesionales son el pastor alemán, de fácil y flexible adiestramiento, utilizado por la Policía y aduanas, y el Labrador “retriever”, dotado de un olfato excepcional (tiene de 220 a 230 millones de células olfativas), una robustez a toda prueba y una excepcional ardor en la búsqueda. En realidad, se trata menos de razas particulares que de un tipo de perro. Los “husmeadores”, exclusivamente machos, están dotados de un olfato incomparable y saben utilizarlo. En ciertos casos se ha preferido el Labrador por que es un animal rustico y de tamaño más pequeño que el pastor alemán. Se cuela más fácilmente por los graneros y los sótanos. Sociable, juguetón y diestro, el labrador es un perro dulce, equilibrado  y muy receptivo.

 

El pastor alemán o labrador, el perro husmeador localiza la droga cualquiera que sea el lugar donde éste escondida. Para este canino es un verdadero juego explorar los cajones de un armario  o los bajos de un coche.

 

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